
Desde el cielo azul se divisa un extenso bosque con cientos de colores como un interminable mar que reverdece continuamente. El clima es húmedo, con un sol a pleno que resplandece sobre los árboles, que entre altos y bajos forman líneas rectas llamadas calzadas o carreteras. A lo lejos, la topografía selvática rompe la armonía del llano horizonte, nuestro destino final. 30 minutos después, el piloto del helicóptero nos indica que debemos prepararnos para el aterrizaje. Descendemos.
Ya en tierra comprendemos lo afortunados que somos. El Mirador o Reino Kan es una cuenca delimitada
naturalmente que se encuentra en el norte del departamento de Petén, Guatemala, en la Reserva de la Biósfera Maya (RBM), al que solamente puede accederse por helicóptero o desde la aldea de Carmelita, a dos días caminando o a caballo. Abarca una superficie de más de 2.158 km2, y a solo 10 minutos se encuentra el estado de Campeche, México. Todavía no se destapan mis oídos cuando el notorio canto del bosque se presenta: un sinfín de aves, monos e insectos, entre ellos las cigarras. “Aplíquense suficiente bloqueador y repelente, que debemos seguir nuestro camino”, nos dice el arqueólogo e investigador Enrique Hernández, nuestro guía. Adentrándonos en el espeso bosque llegamos a las primeras estaciones. Detrás de estas se alzan pequeñas montañas de selva. Se cree que en esta Cuenca se esconden unas 4.000 pirámides pero, hasta el momento, unas 3.500 están en proceso de exploración. La gran mayoría de las ciudades antiguas concentradas en el Reino Kan están fuera de los límites del parque existente.
Los expertos están convencidos de que la maya, junto con la china, la mesopotámica y la egipcia, son “las más grandes civilizaciones que hayan pasado por el mundo”. Y para reafirmarlo, El Mirador es un ejemplo contundente de la majestuosidad de la arquitectura maya precolombina. Esto, unido a la antigüedad de los restos que hay en la zona, convierte al sitio en un lugar clave para la interpretación del pasado maya. Ingresamos al campamento base del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Guatemala (IDAEH), que inició estudios regionales junto con el doctor Richard D. Hansen –arqueólogo y mayista estadounidense– en 1987. “Este campamento se encuentra en una zona donde el impacto ambiental ha sido mínimo. Solo se despejó el área esencial para ubicar un par de construcciones donde se encuentran los abastecimientos vitales, herramientas para la investigación y, más importante aún, las habitaciones –hileras de hamacas con mosquiteros protegidas por un simple techo con capacidad para 30 trabajadores, entre ellos varios arqueólogos–, donde se instalan por periodos de tres meses al año hasta que son relevados por otro grupo”. Algunos investigadores –él incluido– se quedan hasta seis meses internados en medio de la selva. Afortunadamente, “contamos con algunos equipos tecnológicos que nos permiten comunicarnos con el mundo exterior”, explica Enrique. Mientras continuamos avanzando, nos encontramos con dos guardabosques. Ellos tienen la misión de limpiar los llamadas ‘trocopases’ (antiguos accesos madereros), realizar patrullajes en busca de actividades ilegales y, ocasionalmente, guiar y acompañar misiones de reconocimiento e investigación.
Nuestro grupo se divide entre quienes quieren llegar rápido a El Mirador, y los que queremos caminar y ver de primera mano la gran biodiversidad –poco estudiada, si bien investigaciones coordinadas por la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS por sus siglas en inglés) han encontrado recientemente especies nuevas de loros, anfibios y algunos reptiles que no están registradas–. Con nuestro andar, escuchamos el sonido de monos aulladores, aves, y “el notorio canto de las cigarras emitido por los machos durante el cortejo para atraer hembras”, afirma Mynor Cordón, un gran conocedor de la cultura maya que hace parte del grupo. Cedros y caobas dan amplitud al bosque alto o Zapotal, perteneciente a su vez a los cinco diferentes tipos de bosque subtropical lluvioso, entre ellos el Palmera o Guanales, el Ramonal, el Tintal –el tipo de vegetaciónmás abundante en la zona– y el Cival, conformado por pantanos húmedos. Sus bosques también albergan jaguares, tapires y otras especies amenzadas por la caza, el tráfico y la deforestación.
La gran pirámide
Llegamos a la Acrópolis Danta, la más grande construcción de la RBM. A lo lejos, un recorrido largo en escaleras nos revela una estructura majestuosa, una genuina joya que sigue guardando tesoros de la civilización maya. Rodeado por inmensos árboles de ramones, advierto la presencia de monos arañas, cigarras y otras especies. “El mundo está despertando para que El Mirador sea cuidado y preservado”, anota Enrique. Este impresionante escenario natural abarca varias plataformas en una extensión de poco más de 25 km2, y hace parte del Complejo Oriental que, a su vez, se conecta por medio de calzadas estructuras elevadas del suelo construidas para facilitar el transporte de mercancias y controlar el flujo de agua en las zonas pantanosas, con el Complejo Occidental, completando el Reino Kan”, afirma nuestro guía.

Danta, con 72 metros de altura, es la más grande construcción de la Reserva de la Biósfera Maya
Arriba nos olvidamos de la falta de agua y de fuerzas, del sol inclemente; nos desconectamos del mundo virtual en que vivimos y viajamos a un mundo no solo spiritual, sino fantástico, comenta Petro Toro, un compañero de aventura. No logro imaginarme cómo habría sido esta magnífica civilización en sus años de esplendor; cómo fue su vida y su sistema de gobierno. Este apogeo hace arte de una herencia cultural incomparable, confirmando asi por que fue el primer Estado mesoamericano, es decir, con pleno dominio de su propio territorio y dentro del cual coexistían bajo un orden social jerárquico guerreros, artesanos, sacerdotes, obreros, etc. Estudios recientes comprueban que la ciudad de El Mirador fue planificada desde suys inicios y se han encontrado numerosas alineaciones entre varios edificios, muchos de los cuales sirvieron como puntos de observación astronómica. Estos estudios han registrado fenómenos interesantes relacionados con la traslación del sol y la luna en ciertas épocas del año.
Durante casi una hora estuvimos a 72 metros de altura sobre una plataforma de no más de 30 metros cuadrados. Nuevamente vimos el inmenso mar verde. Debamos partir a conocer las demás estructuras del Complejo Occidental. Nos esperaban vehículos adecuados para continuar el camino, por lo que necesitábamos acelerar el paso y llegar al Templo Garra de Jaguar o Estructura 34, de 17 metros de altura, que hace parte de las edificaciones de la Plaza del Tigre. Se distingue por sus dos grandes mascarones de estuco a lado y lado de las escaleras centrales, y representa a la deidad Sol Jaguar. Qué mejor lugar para almorzar.
Patrimonio de Todos
Por fortuna, en El Mirador no existe ningún tipo de infraestructura hotelera. Ojalá nunca la haya. De hecho, este recorrido por la ruta maya se distingue más por ser una verdadera travesía y no un típico plan para el turista promedio. Son cerca de 3.000 los aventureros –con un amplio criterio y dispuestos a disfrutar de la naturaleza real de la selva– que llegan por aire o tierra cada año a visitar una de las más grandes y antiguas construcciones de América.

Se cree que en esta reserva ecológica se esconden unas 4.000 pirámides. De ellas, 3.500 están en proceso de exploración e investigación. Foto de Nitsia Magallón
Al hablar con los lugareños, tanto en la reserva como en Petén, el mensaje es el mismo: “Nuestro deber es luchar por conservar este bosque virgen a pesar de los escasos esfuerzos que hacen instituciones sin ánimo de lucro, fundaciones y corporaciones”. En este sentido, vale mencionar que este año y “como una forma de generar ingresos, se expondrán entre 150 y 200 piezas de El Mirador en el Museo Du Quai Branly en París”, anunció recientemente la embajadora de Francia en Guatemala, Michèle Remis. Mientras tanto, el gobierno guatemalteco se encuentra en trámites para que la reserve sea reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Paralelamente, planes de desarrollo turístico y estrategias de mercadeo son la base de su conservación. Actualmente se llevan a cabo capacitaciones con las comunidades locales para formarlos en la prestacion de servicios turísticos que garanticen una experiencia con altos estándares para los visitantes.
En el vuelo de regreso en helicóptero, Enrique comenta cómo “la zona está sufriendo una fuerte depredación arqueológica, la caza ilegal está descontrolada, el tráfico de especies en vía de extinción y el avance de la frontera agrícola han aumentado… Todas estas acciones ponen en inminente riesgo la RBM al norte de Guatemala”. Impedir que este tipo de situaciones se sigan presentando es razón suficiente para tomarse en serio la conservación, desarrollo y posicionamiento del Reino Kan. Basta contemplar el atardecer desde lo alto de las pirámides o sumergirse en el pulmón verde de los mayas para advertir su grandeza arqueológica, histórica y espiritual.
Tomado de la Revista AVIANCA.
No puedes dejar de visitar El Mirador, en Petén, Guatemala, la próxima vez que visites “El Corazon del Mundo Maya”. TACA Regional Guatemala vuela a diario desde el Aeropuerto La Aurora, en la Ciudad de Guatemala hacia y desde la Ciudad de Flores, en Petén.